Pasado el ecuador del año, el inversor que quiera hacer balance de lo que está dando de sí este 2018 en los mercados financieros puede llegar a una conclusión: la volatilidad ha vuelto y parece que se va a quedar, al menos, durante unos meses más.
Este escenario de más incertidumbre suele sembrar cierto nerviosismo e inquietud entre los inversores. Ante una fuerte caída, estos sienten la necesidad de salirse del mercado cuanto antes (es el comportamiento instintivo, como explica el behavioral finance), olvidándose de un factor clave para rentabilizar sus inversiones: la importancia de la persistencia (es decir, mantener el compromiso con nuestro plan de inversión) y del largo plazo.
Este tipo de acontecimientos geopolíticos suelen llevar a los mercados a sufrir fuertes caídas. Por ejemplo, uno de las más recientes fue el triunfo del Brexit en Reino Unido en junio de 2016, que provocó importantes pérdidas en los principales índices, con el Ibex 35 llevándose la peor parte -se dejó un 12,35%, la mayor caída de su historia-.
Para evitar sufrir con los vaivenes bursátiles, el tiempo siempre es uno de los mayores aliados del inversor. Mantener a largo plazo el dinero invertido ayuda a mitigar el efecto de la volatilidad a corto plazo.
Cuando pensamos en sacarle el mayor partido posible a nuestras finanzas, otro de los factores importantes que debemos tener en cuenta y que tiene que ver con el tiempo es el efecto del interés compuesto – que Albert Einstein definió como la mayor fuerza del universo-, y que consiste en ir reinvirtiendo los beneficios que vamos obteniendo con nuestras inversiones.

