La renacida preocupación sobre la situación de la banca se debe, en parte, a los mecanismos implantados tras la crisis para evitar nuevos rescates públicos.
Los tenedores de bonos de los mayores bancos solían beneficiarse de la suposición de que tales firmas eran «demasiado grandes para caer», lo que implicaba que los contribuyentes los rescatarían si se metían en problemas. La crisis financiera, en su mayor parte, demostró que tenían la razón.
Ahora, sin embargo, la situación ha cambiado. Para evitar rescatar a los grandes bancos que estén al borde del colapso con fondos públicos, los reguladores globales establecieron reglas que dictan cómo y cuándo los inversores bancarios absorberán las pérdidas. Algunos bonistas tendrían que aceptar una rebaja sobre sus bonos.
Según la forma en la que están diseñados, el riesgo de que los tenedores de bonos asuman pérdidas en el caso de un rescate depende de cada banco. Medir ese riesgo significa enfocarse en los fundamentos del negocio de cada banco, dijo Theodore.
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