La decisión del Banco de España de limitar la rentabilidad de los depósitos bancarios, para evitar una guerra del pasivo que deteriore todavía más su rentabilidad, ha creado cierta polémica en los últimos días. Un argumento que he podido escuchar es que esta decisión va en contra de los intereses de los inversores, al limitar la rentabilidad que pueden obtener en esos productos. Aunque en sentido estricto esto puede parecer así, creo que realmente los interesados en los depósitos de alta remuneración son los bancos, que los utilizan en sus campañas de captación de pasivo, y no tanto los inversores que se dejan llevar por el atractivo de esas rentabilidades sin plantearse si esa inversión es coherente en su estrategia a largo plazo.
En lugar de hacer un planteamiento a largo plazo acorde a las características y necesidades de cada persona, y elegir las inversiones en consecuencia, se venden productos con la intención principal de captar al cliente.
Si analizamos la diversificación por clases de activo del patrimonio global de las familias españolas, en comparación con las de EEUU, nos encontramos con la conocida especifidad del ahorro en España: su masiva concentración en el inmobiliario.
Si la asignación global de los activos de las familias en España no parece muy eficiente, todavía menos lo es la diversificación de los activos financieros. El peso de los depósitos en España alcanza el 50% de los activos financieros, frente a un 16% en EEUU.
Sólo se me ocurren dos explicaciones a esta «política de inversión» de las familias españolas: o bien los españoles padecen una aversión al riesgo muy superior a la de otros países desarrollados, o bien están mal asesorados. Personalmente me inclino por la segunda. Aunque es cierto que existen diferentes perfiles a la hora de caracterizar a las personas como inversores, dudo que su distribución varíe significativamente de un país a otro.

